Mostrando las entradas con la etiqueta Retos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Retos. Mostrar todas las entradas

Tormenta de verano

"Escribir jugando", de El Blog de Lídia
Reto de Noviembre:
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: Caronte (el barquero del inframundo).
Opcional: Que aparezca en la historia algo relacionado con la creación del Ford T (el coche, el creador o el año).

El día que Tobías llegó al pueblo con su flamante Ford T sería recordado por años... Todos querían a ese vecino amable y extravagante, que tenía un zorro como mascota para exterminar a los ratones de su campo. Era un sábado de verano, hacía mucho calor y el cielo anunciaba tormenta. Apareció con sus sobrinos, quienes reían y saludaban por las ventanillas, felices de dar su primer paseo en auto. Al pasar frente a la plaza los alcanzó el primer rayo. Los vecinos vieron las llamas y, desde la barca de Caronte, ellos continuaron saludando con las manos.

El hombre del gorro multicolor

 

Lo vio de lejos. Se distinguía del resto por el gorro, aquel que ella le había regalado en su primer aniversario, tejido con sus propias manos, y que él había adoptado como parte de su cuerpo. Agradecía que aún lo usara, que lo llevara puesto más allá del frío o calor que hiciera. Gracias a identificarlo a tiempo eligió otro rumbo. Quería vivir tranquila y ya no permitiría que sus acciones ni sus palabras, cual armas, siguieran lastimándola.

Recuerdos de otras vidas

La música que escuchaban sus abuelos la transportó al pasado, y se preguntó cómo podría salvar sus recuerdos del olvido... Tantas vidas vividas y en su nueva infancia se veía desfavorecida por aquella memoria que cada día le arrebataba viejos recuerdos, desdibujando poco a poco sus contornos hasta esfumarlos. Como aún no sabía escribir, decidió pedirle a su hermano que la grabe mientras contaba cuentos, en los cuales narraba sus historias a través del tiempo. Muchos años después escucharía esas historias, e incluso se las contaría a sus nietos, habiendo olvidado que la protagonista era ella.

El habitante de la casa en el árbol

Los hombres del pueblo lo consideraban loco. Era solitario y tenía un negocio de casitas y comederos para pájaros. Contaba que de niño soñaba con casas en los árboles y no dejaba de dibujarlas. Un día sintió un fuerte llamado, como el canto de una sirena, que lo llevó a seguir a una bandada de aves. De ese modo fue guiado hacia aquel árbol, sobre el que años más tarde construiría su casa y de cuyas ramas colgaban las casitas de sus amigos alados.

Encuentro prohibido

Tras las sábanas blancas, tendidas al sol, José le hizo señas. Elsa dio un rodeo por el jardín de sus abuelos, evitando ser observada por su familia. 
Cuarenta años después, y sin haberse vuelto a ver, el aroma a ropa recién lavada aún les recuerda aquel primer beso.

Caminando

"No te preocupes, voy caminando", le dijo a su tía al avisarle que iría a visitarla. Por primera vez en cuatro años no era mentira, ya que su moto estaba rota. Casi todas las semanas la llamaba, se quedaba chateando un rato con sus amigos, y luego iba en moto. Esta vez se aseguró de salir con tiempo. A las pocas cuadras comenzó a disfrutar de la caminata: un pie en una baldoza, el otro más adelante, sin pisar las juntas, y pronto volvió a sentirse un niño jugando en esas veredas.

El cofre de los secretos

"Escribir jugando", de El Blog de Lídia
Reto de Julio:
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: un candado.
Opcional: Que la historia contenga la palabra Grimorio.
Días antes de cumplir 22 años el conde recibió un sobre de su madre, muerta 8 años atrás. Al abrirlo encontró una carta y una pequeña llave. Muy pronto la carta estaba impregnada del sudor de sus manos, mientras su rostro había perdido todo color. Tomó aire mientras obsevaba la llave y volvió a leer: "Seguirás siendo conde, ya que todos lo ignoran, solo creí necesario que supieras quién fue tu padre. Con esta llave podrás abrir el candado de mi cofre y encontrarás su grimorio y mis diarios. Es parte de tu historia".

Esa noche

Volvía a su casa, mirando las estrellas, cuando sintió que lo seguían. Apuró el paso y al llegar a la calle un auto le cercó el paso. Le vendaron los ojos y fue conducido al interior del vehículo, que arrancó al instante. Sabía que eran varios, y ninguno respondía sus preguntas. Al bajar del auto atravesaron una puerta giratoria y luego entraron a un ascensor que comenzó a subir. Al bajar sintió el viento en su piel. La venda se soltó mientras oía: "Sorpresa! Feliz Cumpleaños!".

Reunión de amigas

"Escribir jugando", de El Blog de Lídia
Reto de Junio:
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: una rana.
Opcional: Que la historia ocurra durante el Solsticio de Verano.
Días antes de empezar a construir su casa, Eudora las recibió en su terreno. Era el lugar perfecto para celebrar el Solsticio de Verano (algo había que celebrar, sino pasarían la noche llorando...).
Encendieron el fuego aún a la luz del sol, que se resistía a marcharse. Acompañadas por los grillos y el croar de una rana confianzuda, comenzaron a cantar alrededor del fuego. El canto dio paso a la danza, bajo la luz de miles de estrellas. Al amanecer, el sol las encontró charlando, entre risas y lágrimas, sabiendo que por años no volverían a verse.

Guiso de reencuentro

El guiso hierve a fuego lento, desprendiendo un aroma a condimentos y a hogar. Los invitados se acercan, se les hace agua la boca. Celebrarán el regreso de Julián y Sonia al pueblo. Alguien oye el galopar de los caballos:
— Ahí vienen! Traigan los cuencos, podemos comenzar a servir!

Llegan noticias

Subió las escaleras corriendo. Hacía casi un año que no recibía correspondencia y el sobre parecía quemarle en las manos. En momentos así lamentaba vivir en un edificio sin ascensor. La subida resultaba eterna...
Ya en el 7°E se sacó el abrigo y las botas, y preparó un té. Con la taza en una mano y el sobre en la otra caminó despacio hacia el escritorio. Por la ventana vió que comenzaba a llover. Tomó la pequeña daga y abrió el sobre. Dentro había una postal con un esqueleto de dinosaurio. Al otro lado su caligrafía: "Vuelvo pronto".

Aquella fogata

Esta mañana, mientras cortaba el cesped, me entró una pestaña al ojo. Verla en la yema de mi dedo, sumado al aroma del pasto, me transportó al pasado, a aquella fogata con mis primos... Juntamos las ramas con una mezcla de ansiedad y cautela, era la primera vez que nosotros podíamos preparar el fuego. El gran debate fue quién lo iniciaría. Gracias a una pestaña gané el privilegio de encender la cerilla. Imposible olvidar aquel sentimiento de libertad al observar las llamas, y el brillo que reflejaban en nuestos ojos.

Rugido

Joaquín cruzaba el puente colgante, acompañando el paso lento de Rugido, cuando una de las maderas crujió bajo el peso del animal. Tensó la soga, intentando detenerlo, al tiempo que el león trastabillaba y las maderas se quebraban. No logró ver la caída. Fue todo tan rápido que se descubrió aferrado a la baranda del puente, mientras el agua lo salpicaba luego de tragarse a Rugido. Parpadeó un par de veces, aún conmocionado, y notó como el silencio se cernía a su alrededor. Su vista estaba fija en el agua, pero Rugido no había salido a flote, y el río seguía su curso normal, llevando unos trozos de madera como único rastro de lo ocurrido.
Retrocedió lentamente hasta bajar del puente y llegar a la orilla. Sabía que el río era muy profundo en esa zona, y que el impacto con una roca podría haber sido mortal. Lo raro era que el cuerpo no apareciera. Deseó estar en medio de una pesadilla, y maldijo el momento en que decidió hacerle caso a un extraño sueño en el que Frida le hablaba.
Frida había sido la leona principal del circo durante muchos años. Gracias a ella Joaquín se convirtió en una estrella: el mejor domador de leones de la región. Aún recordaba la mañana en que nacieron sus cachorros, era un invierno demasiado crudo y el circo no pasaba un buen momento. Logró que sobreviviera un único cachorro: Rugido, y ahora era responsable de su desaparición o, peor aún, de su muerte.
Los últimos meses Rugido había empezado a perder el pelo, y la medicina recetada por el veterinario no parecía hacer efecto. Días atras Joaquín se había dormido pidiendo alguna señal. Esa fue la noche en que soñó con Frida, muerta dos años atrás. La leona le decía que Rugido dejaría de perder el pelo si lo llevaba a pasear la noche después de luna llena. Al despertar miró el calendario y vió que faltaba menos de una semana para el día indicado, y que no coincidía con día de función. Por lo que decidió no comentar con nadie el mensaje recibido.
Caminó un trecho río abajo, sin saber qué hacer. Jamás había sacado a Rugido del perímetro del circo, y no podía volver solo... Sin pensarlo, retornó al puente, caminó con paso firme, evitando tomarse de la baranda y con los ojos cerrados. El agua helada lo recibió con un fuerte impacto.
A la mañana siguiente, en el circo, Joaquin despertó con un ataque de tos y tiritando. Desconocía como había llegado a su cama, si hubiera sido una pesadilla no tendría la ropa aún húmeda. Se cambió deprisa y salió muerto de miedo, ¿cómo explicaría la desaparición de Rugido? No tenía coartada preparada. A su alrededor el movimiento era normal. No podía ser que nadie hubiera notado la falta de un león... Al acercarse a la jaula escuchó unos pasos, era Rugido: sano y salvo en su jaula. Esa tarde pidió permiso para dar un paseo y fue hasta el río, había unos hombres reparando el puente.
Nunca supo qué ocurrió realmente aquella noche, ni volvió a soñar con Frida, lo único cierto fue que Rugido no volvió a perder el pelo.

Te espero

Hace poco te marchaste y ya espero tu regreso. La galería está tan colorida! Los macetones se llenaron de flores, y sus aromas inundan el cálido aire. Revolotean alegres las mariposas, al igual que los pájaros que cada mañana me despiertan con sus cantos. Ojalá regreses pronto, hay veces que te adelantas, o vuelves al poco de marcharte.
Te espero sentada en esta galería, mientras el sol calienta mi piel, y mis pies disfrutan del frío de las baldosas. Los días son muy largos, pero lo compensan las frutas maduras que recojo cada tarde. De nuevo el abanico se convierte en mi fiel compañero. Cuanto más te espero, más temo que este año no regreses. Ya lo has hecho en otras ocasiones... Tal vez uno o dos años sin aparecer, y la espera se hace eterna.
Desde la galería te espero, mientras los árboles se tiñen de amarillo, ocre y anaranjado. Al caminar escucho el crujir de las hojas secas bajo mis pies. El viento hace remolinos y las reacomoda en los rincones y delante de las puertas. Se acortan los días, las noches recuperan horas, y presiento que te vas acercando. Nunca sé cuando aparecerás, algunas veces te instalas y, otras, realizas una visita fugaz.
Con un té caliente y bien abrigada te espero en la galería. Los árboles están desnudos y el cielo gris. Estás llegando, lo sé. Me incorporo y, al bajar los escalones, los primeros copos aterrizan en mis manos. Nieve, al fin has vuelto!

El laberinto de su vida

El ingreso al laberinto era tan sobrio, que nadie imaginaba los rincones de ensueño que existían al adentrarse en él. La anciana, sabia desde su infancia, comenzó a diseñarlo aún antes de aprender a caminar. Sabía que lo constuiría un importante paisajista, al que no conocería hasta el día de su muerte. Gracias a su tenacidad consiguió el permiso para recorrerlo, y presintió su hora final. Se adentró por los intrincados senderos, maravillándose en cada giro y recoveco. Al llegar al centro sintió que él le tomaba la mano y, antes de poder verlo, sus almas iniciaron el vuelo.

Incendio forestal

La noche posterior al incendio, los gnomos dorados volamos a bordo de las águilas, rumbo al islote del lago central. Durante el viaje escuchamos el rugido del jaguar, anunciando la reunión a otras poblaciones. Desde lo alto se veían los árboles calcinados que, cubiertos por una capa de ceniza, parecían huesos. Nuestras lágrimas se evaporaban mucho antes de llegar a ellos. Hacía demasiado tiempo que no nos reuníamos, y era el momento de recuperar nuestro hogar: el bosque.


Escrito para el Reto 5 líneas, de Adella Brac.

El guardián del tiempo

"Escribir jugando", de El Blog de Lídia
Reto de Mayo:
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: un cofre / un tesoro.
Opcional: Que la historia contenga la palabra sueño/s.
En una cabaña, en lo alto de la montaña más alta, vive un anciano de largas barbas. De él depende el transcurso de los días y las noches, de las estaciones y los años. Lo llaman el guardían del tiempo. Pocos saben que su reloj a cuerda contiene un pequeño cofre, que a intervalos indefinidos se entreabre y deja escapar, como pequeños tesoros, la combinación exacta de confianza y valentía que las personas necesitan para cumplir sus sueños. Tesoro que sólo reciben quienes, en ese preciso instante, estan viviendo en el presente, sin contaminaciones de pasado o futuro.

Sueños de luna llena

Cada año, millones de estrellas fugaces se veían desde su ventana en la primer noche de luna llena del solsticio. Con cada una podía pedir un deseo, pero ninguno debía repetirse, y eran tantas las estrellas que el desafío era seguir sólo a una en su recorrido por el cielo, pensando en un único deseo. Ese año su sueño fue muy claro. Miró a lo alto del cielo y al ver la estrella más alta deseó seguir a su corazón, mientras sus ojos la acompañaban hasta perderse en el mar. 


Escrito para el Reto 5 líneas, de Adella Brac.

La prisionera

"Escribir jugando", de El Blog de Lídia
Reto de Abril:
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: un libro.
Opcional: Que la historia contenga el número 40.
En aquella celda su vida era gris, vestía de blanco y negro, vivía en penumbras, las sombras eran su principal compañía. La mañana del día 40, junto al pan y al agua diarios, encontró un libro. Hacía años que no leía... Lo abrió antes de tocar el pan, pese a que su estómago ya se quejaba. Frase a frase se fue internando en la historia, y su interior se fue iluminando, brillante y colorido. Un rayo de sol ingresó por la diminuta ventana, y hasta el pan duro le pareció un manjar mientras disfrutaba de la lectura.