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El hombre del gorro multicolor

 

Lo vio de lejos. Se distinguía del resto por el gorro, aquel que ella le había regalado en su primer aniversario, tejido con sus propias manos, y que él había adoptado como parte de su cuerpo. Agradecía que aún lo usara, que lo llevara puesto más allá del frío o calor que hiciera. Gracias a identificarlo a tiempo eligió otro rumbo. Quería vivir tranquila y ya no permitiría que sus acciones ni sus palabras, cual armas, siguieran lastimándola.

El habitante de la casa en el árbol

Los hombres del pueblo lo consideraban loco. Era solitario y tenía un negocio de casitas y comederos para pájaros. Contaba que de niño soñaba con casas en los árboles y no dejaba de dibujarlas. Un día sintió un fuerte llamado, como el canto de una sirena, que lo llevó a seguir a una bandada de aves. De ese modo fue guiado hacia aquel árbol, sobre el que años más tarde construiría su casa y de cuyas ramas colgaban las casitas de sus amigos alados.

Caminando

"No te preocupes, voy caminando", le dijo a su tía al avisarle que iría a visitarla. Por primera vez en cuatro años no era mentira, ya que su moto estaba rota. Casi todas las semanas la llamaba, se quedaba chateando un rato con sus amigos, y luego iba en moto. Esta vez se aseguró de salir con tiempo. A las pocas cuadras comenzó a disfrutar de la caminata: un pie en una baldoza, el otro más adelante, sin pisar las juntas, y pronto volvió a sentirse un niño jugando en esas veredas.

Esa noche

Volvía a su casa, mirando las estrellas, cuando sintió que lo seguían. Apuró el paso y al llegar a la calle un auto le cercó el paso. Le vendaron los ojos y fue conducido al interior del vehículo, que arrancó al instante. Sabía que eran varios, y ninguno respondía sus preguntas. Al bajar del auto atravesaron una puerta giratoria y luego entraron a un ascensor que comenzó a subir. Al bajar sintió el viento en su piel. La venda se soltó mientras oía: "Sorpresa! Feliz Cumpleaños!".

Incendio forestal

La noche posterior al incendio, los gnomos dorados volamos a bordo de las águilas, rumbo al islote del lago central. Durante el viaje escuchamos el rugido del jaguar, anunciando la reunión a otras poblaciones. Desde lo alto se veían los árboles calcinados que, cubiertos por una capa de ceniza, parecían huesos. Nuestras lágrimas se evaporaban mucho antes de llegar a ellos. Hacía demasiado tiempo que no nos reuníamos, y era el momento de recuperar nuestro hogar: el bosque.


Escrito para el Reto 5 líneas, de Adella Brac.

Sueños de luna llena

Cada año, millones de estrellas fugaces se veían desde su ventana en la primer noche de luna llena del solsticio. Con cada una podía pedir un deseo, pero ninguno debía repetirse, y eran tantas las estrellas que el desafío era seguir sólo a una en su recorrido por el cielo, pensando en un único deseo. Ese año su sueño fue muy claro. Miró a lo alto del cielo y al ver la estrella más alta deseó seguir a su corazón, mientras sus ojos la acompañaban hasta perderse en el mar. 


Escrito para el Reto 5 líneas, de Adella Brac.